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¿Es Ronda el Napa español?
Nov 24, 2020

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wineclub

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Napa español

El caso es que un país de tradición vitivinícola como España no es que no tenga un valle de Napa, es que tiene multitud de ellos. 

En 2004, “Entre Copas” se llevaba el Oscar al mejor guion adaptado. Se trataba de una película que ponía en el candelero una de las zonas vitivinícolas más famosas de Estados Unidos y que, hasta entonces, era poco conocida fuera de las fronteras americanas excepto para los verdaderos conocedores del mundo del vino.

La película, una road movie en versión masculina, mostraba cómo los protagonistas emprendían un viaje enológico por la zona vitivinícola de California, con la idea de tomar el aire, catar vinos y jugar al golf para despedir la soltería de uno de ellos. 

El caso es que la oscarizada película resultó ser un boom turístico para la región (y todo un mazazo para el merlot, uva que no era del agrado del protagonista y que quedó literalmente degradada por debajo de joyas como la Pinot Noir).

Sin embargo, hablamos de Napa Valley cuando realmente deberíamos hablar de Wine Country, que es la zona comprendida entre dos valles, el de Napa y Sonoma. Esa es la región vitivinícola americana por excelencia, la que se disputa el respeto de los sibaritas de medio mundo. Y es que sus atributos geográficos y climáticos son sencillamente prodigiosos: laderas suaves salpicadas de robles antiguos, bañadas por el sol californiano y sembradas de hileras interminables de vides de raíz francesa (Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Chardonnay), alemana (Riesling) y hasta española (Tempranillo y Albariño).

Y para enmarcar la postal, las secuoyas dominan los bosques aledaños cuyos ríos alimentan suelos arcillosos, ricos en caliza y en minerales que nada tienen que envidiar a los que predominan en el Viejo Continente.

El caso es que un país de tradición vitivinícola como España no es que no tenga un valle de Napa, es que tiene multitud de ellos. Cada Denominación de Origen constituye una pequeña región en sí misma que explota el vino, no solo como industria sino a nivel turístico, también.

Son mundialmente conocidas las rutas por La Rioja o por la Ribera del Duero, pero ¿qué pasa con Ronda? ¿Podría convertirse en un verdadero polo de atracción vitivinícola a nivel internacional?
 

El valle de Napa andaluz

 

 

A lo largo de las siguientes líneas te invito a que te dejes llevar e imagines cómo serían unos días recorriendo la zona vitivinícola de Ronda y sus alrededores. Adelante, usa tu imaginación y piensa que eres uno de los dos protagonistas de la película. Que has decidido escapar este fin de semana con tu mejor amigo para tener un par de días de descanso, aire puro, buen vino y mejor gastronomía. ¿Te apuntas?

Hagamos una primera parada en la bodega Descalzos Viejos, una de las más bonitas de Andalucía, que se localiza en un rehabilitado convento trinitario del siglo XVI. En esta bodega reparten sus viñedos en tres fincas distintas, dependiendo de las variedades de la uva: unas fincas son ideales para la Cabernet Sauvignon y merlot, mientras que en otras se dan las características idóneas para el cultivo de la Chardonnay y la Syrah. 

Una parada imprescindible es la bodega Joaquín Fernández. Allí probaremos un vino realmente especial. Un vino blanco elaborado con uva tinta. Un tipo de vino de origen francés, que es único en el conjunto de bodegas de la Serranía de Ronda. Más afrutado que los vinos blancos tradicionales, ofrece matices propios de los vinos tintos. Es como tomar un vino tinto de color blanco.

La Melonera, un final de altura

Llegamos por último a uno de los tesoros mejor guardados de Ronda. Una bodega joven, nacida en 2003, pero sobradamente preparada como dice el dicho popular. La Melonera es una bodega donde las cosas se hacen de forma diferente, con mimo, con pasión, con una combinación de técnicas que buscan la excelencia en todo el proceso de elaboración de sus caldos.

De la mano de Laura Cana, sumiller de la bodega, visitamos la finca que abarca unas 200 hectáreas y cuyas altitudes fluctúan entre los 650 y los 940 metros, lo que posibilita una oscilación térmica diaria de hasta 20 grados tanto en invierno como en verano. Esto, sumado a los más de 800 litros de lluvias anuales y a los vientos húmedos que llegan impolutos desde el Atlántico, la convierten en un enclave inmejorable para la crianza de la vid. 

 

Catamos finalmente sus vinos. Primero una copa del tinto La Encina del Inglés. Un vino que requiere 9 meses de crianza en fueres de roble francés Allier de gran capacidad, y el resto en botella. Tiene un bellísimo color rojo picota y aromas a fruta roja y negra de bosque, con notas de hierba recién cortada. En boca es fresco, carnoso y redondo.
Su versión blanca es Málaga en esencia. Seco, fresco y muy afrutado.

Probamos por último el Payoya Negra, un tinto que recoge su nombre de la cabra autóctona andaluza con cuya leche se elabora el queso de cabra Payoya en la Sierra de Cádiz y la Serranía de Ronda y que, además, ilustra su etiqueta. 12 meses de crianza para un vino andaluz tan personal, tan puro y con tanto arte.

¿Alguien dijo que la Serranía de Ronda tenía algo que envidiar a su homólogo californiano?